¿Quién es el acusador?
La Palabra de Dios establece que «Satán» es el acusador de nuestras almas. En apocalipsis 12:10 leemos lo siguiente:
«Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios dia y noche.»
El trabajo del acusador es acusar a los hijos de Dios ante El. Resaltar sus faltas y errores para descalificar al cristiano, pero sin tomar en cuenta que contamos con la justificación provista en la cruz del calvario. De este modo señala los errores como ocasión para destruir porque no cuenta con la salida dada en la cruz para los hijos de Dios.
¿Por qué nos acusa?
Primero– No puede aceptar que hay una solución, porque esto anularía su trabajo. Si lo hace estaría aceptando su derrota. De ésta misma manera, parte de su trabajo es hacer que las personas, al igual que él, no acepten la solución provista para ellos y para esto usa el temor, la duda, y otras estrategias de desenfoque.
Segundo– Para desenfocarnos de correr a la cruz de Cristo, donde está la provisión que necesitamos para reparar nuestros errores y ponernos a cuenta con Dios.
Tercero– Busca oportunidad de descalificar instrumentos que Dios está usando. Esto lo hace afectando la credibilidad que otros puedan tener en éstos siervos y siervas de Dios.
Cuarto– hacer creer a la persona que es merecedor del castigo para que no acepte la justificación que Cristo nos dió.
Quinto– Levantar falso testimonio para dividir la opinión de otros e impedir que se complete alguna obra que afecta el reino de las tinieblas.
Propósito del acusador
Viéndolo de un modo general el acusador tiene como propósito descalificar a la persona por lo que ha hecho. Hacer creer a la persona que no tiene esperanza, que no hay solución. Y lo hace enfocando sólo el error pero no puede aceptar que hay una solución, pues de éste modo él mismo anularía su propio maligno trabajo.
Entonces, al no aceptar que aunque el hombre ha fallado tiene una salida para arreglar su situación, lo acusa usando temores y dudas con el fin de que el hombre acepte la acusación. Cuando el hombre da cabida a éstos temores y dudas, en vez de correr a la cruz para buscar la paz con Dios, la acusación progresará. Pues el temor abre un camino a la aceptación del mal, del mismo modo que el «creer» abre el camino para recibir lo que nos viene de Dios. De modo que cuando tememos, el enemigo continuará presionando para que enfoquemos lo mal que hicimos en vez de enfocar el camino hacia la paz con Dios que es la provisión hecha por Jesús en la cruz.
Diferentes formas de acusación.
Pueden haber acusaciones falsas y basadas en hechos reales, errores que cometemos, suposiciones como en el caso de Job de que le servía a Dios por que El le habia dado bendición. También el enemigo puede preparar trampas para hacernos caer y luego acusarnos.
El enemigo acusa a los hombres delante de Dios, y acusa a Dios ante nosotros haciéndonos dudar de El y su cuidado. También nos acusa directo al pensamiento. Nos puede acusar de errores cometidos, o inventa acusaciones que no tienen base. Por otro lado, puede acusar a Dios ante nosotros diciendo cosas falsas de Dios o tratando de hacernos dudar de la Palabra de Dios como el caso de Eva y la serpiente (Genesis 3).
¿Cuáles medios utiliza?
Puede hacerlo sin usar ningun medio, él mismo poniendo acusaciones directo en las mentes. Por ejemplo puede ministrar pensamientos a la persona haciéndole creer que ya no tiene perdón acerca de algo que hizo. También puede hacernos pensar que Dios nos dejó solos, o que ya no nos ama, o que no podremos lograr algo que Dios nos asignó, y casos similares.
Puede hacer la acusación él directamente y puede usar personas para lograrlo. No importa que persona, puede que sea cristiana o no. El enemigo no respeta titulo, ni rango o posición, edad, etc, lo único que él necesita es un instrumento que se deje usar no importa quién se haga disponible.
Otra cosa que puede aprovechar el enemigo es la opinión negativa que tenga alguna persona contra otra. Y usar esos sentimientos o pensamientos negativos para hacer acusaciones, pues se convierte en un instrumento fácil de usar. Si ya la persona tiene un concepto negativo de otros, el enemigo no tiene que provocar ni sugerir mucho para acusar a través de ésa persona, sino que usa lo que ya està en su corazón y que él sabe que está ahi, pues él mismo fué quien lo influyó.
Nuestra responsabilidad
Tomando en cuenta lo que hemos discutido hasta aquí, es nuestra responsabilidad cuidarnos de no ser instrumentos del enemigo para acusar a otros. Nosotros tenemos al Espíritu de Dios que guía a los que son sus hijos. Preguntémosle a El primero sin adelantarnos a señalar sin conocer.
A veces es mejor preguntar, investigar antes de emitir cualquier juicio. No es bueno apresurarnos para no unirnos a la causa contraria y dañar a nuestros propios hermanos. Pongámonos en el lugar del otro antes de opinar y no nos unamos a los propósitos de nuestro opositor.
Tenemos una gran esperanza en Cristo tal como nos dice Romanos 8:1 y 33:
«Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu»
«Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.»
Si estamos en Cristo, ya no hay acusación ni condenación que se pueda mantener. Pues la sangre de Cristo derramada en la cruz nos limpia y somos justificados delante de Dios cuando acudimos humillados ante El en busca de su perdón.
No hay acusación ni condenación para los que han sido hechos hijos de Dios!
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