Hacer la voluntad de Dios, nos hace descansar.
La voluntad de Dios nos hace descansar. Cuando practicamos la nuestra, es como el «tiro al blanco», lo intentaremos muchas veces, hasta dar en el objetivo, si es que lo conseguimos.
Buscar por nosotros mismos lo que no sabemos, requiere intentar y fallar muchas veces. En cambio obedecer a Aquel que lo conoce todo y a la perfección, es lo mejor, y nos ahorra mucho tiempo, males y angustias. El mismo lo dijo:
«Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. Mateo 11:29-30»
A veces luchamos contra la voluntad perfecta de Dios, queriendo imponer la nuestra. Pero en el fondo sabemos cuál es la mejor.
Como David, vamos a preferir lo que Dios nos dice, por encima de lo que nosotros planeamos.
«El hacer tu voluntad, Dios mio, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. Salmos 40: 8»
Y Como Jesús, aún en su momento más difícil, digámosle al Padre:
«……Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Lucas 22: 42b»
Venga tu Reino, Hágase tu Voluntad
Este mundo sería totalmente diferente si se hiciera sólo lo que Dios dice. Si se ejecutaran Sus mandatos en ésta tierra. Por eso no dejemos de clamar y orar:
«Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Mateo 6: 10»
Quizás lo que nos hace vacilar a obedecer a Dios desde el primer momento, es el desconocer lo que Dios hará. Pero lo entendamos o no, y aunque parezca difícil al principio, Su voluntad siempre será agradable y perfecta. La nuestra nunca lo superará.
Insistir en satisfacer nuestros deseos y anhelos, que son vanos y pasajeros, en vez de los planes que Dios tiene para nosotros que son valiosos y eternos, no es de sabios. Al final, sólo la voluntad de Dios permanecerá para siempre. La nuestra se desvanecerá y desaparecerá.
«Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Juan 2: 17»


