La Santificación es un Proceso.
Para empezar, debemos especificar que la santificación es un proceso. No es algo que lo vamos a lograr en un solo dia. Pero debemos ponernos como meta ir avanzando dia a dia en alcanzar mayores niveles.
Es un proceso en el cual se nos requiere que nos neguemos día a día
«Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mi, nieguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (Mateo 16:24)».
Mientras más avanzamos en este proceso, más aprendemos a vivir en la posición de hijos que Dios nos ha dado. Aprendemos a vivir como hijos de Dios y a usar la autoridad que El nos delegó. Entonces podemos ser vencedores en las batallas que se nos presenten en la vida.
El libro de Santiago nos dice que debemos «resistir al enemigo«, y ésto lo podemos lograr después que nos sometemos a Dios. Cuando lo hacemos, el enemigo no tiene más opción que huir.
«Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. (Stgo 4:7)»
A mayor nivel de santificación, menos terreno cedido al enemigo que le dé derecho en nosotros y más rápido el enemigo huirá cuando lo resistimos.
Por el contrario, si no andamos en santidad, no podremos obtener victoria en nuestras batallas diarias y no podremos resistir al enemigo, ni hacerlo huir.
La santificación exige un examen profundo.
Por eso, es importante un examen profundo, con el fin de eliminar todo lo que nos pueda impedir obtener victoria en cualquier área de guerra espiritual. Necesitamos autoanalizarnos y preguntar a Dios también, ya que nuestro corazón nos puede engañar, pero nunca engañará a Dios.
Dios nos mostrará si existe alguna brecha que el enemigo pueda usar como «derecho legal» para vencernos.
Dios nos abrirá los ojos y nos permitirá ver aquello que está oculto a nuestra vista, si se lo pedimos de corazón. Nos revelará aquellas cosas que no tenemos ni la más mínima idea que están mal a la vista de El, y que nos imposibilitan avanzar en el proceso de la santidad y vencer al enemigo.
También nos dará las estrategias, las herramientas y la fortaleza para eliminar de nuestras vidas todo lo que no pertenezca a Dios, todo lo que no sea agradable a El.
Algunas cosas dependerán de nosotros para traer orden a nuestras vidas. Y en otras, necesitaremos la intervención directa de Dios ayudándonos. Pero El estará dispuesto a hacerlo, si con sinceridad queremos cambiar y se lo pedimos.
Recordemos que nadie más que Dios quiere nuestra santificación. Por eso al pedírselo nosotros, es una petición contestada, pero tomemos en cuenta que es un proceso tambièn. Y no olvidemos que sin santidad, no podemos ver a Dios, ni acercarnos a Él.
¡Seas altamente bendecido!
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