¿Por qué es mejor confiar en Dios y no en mis propias fuerzas?
Primero, es mejor Dios y no mis fuerzas porque Dios lo conoce todo. Nosotros somos limitados, pero El ve pasado, presente y futuro al mismo tiempo. Solo Dios puede saber si algo es bueno para nosotros hoy, pero mañana se convertirá en un tropiezo haciéndonos más mal que bien.
Segundo, existen cosas que no están alineadas al propósito de Dios para nosotros. No todos tenemos el mismo propósito en Dios, por eso algo puede ser de bien para alguien, pero no para otro. Dios, como omnisciente, sabe si algo nos conviene o no, pero nosotros insistimos en pedirlo porque no vemos como Dios ve.
Tercero, Dios quiere que aprendamos a desarrollar confianza en El. Que confiemos que sus planes para nosotros son mejores que los nuestros. Y que El nos permite las cosas para conformarnos al diseño original que El nos preparó de antemano.
Confiar que todo lo que hace o permite, está dentro de sus planes y que es enviado para ayudarnos a crecer y cumplir sus propósitos en nuestras vidas. No es que no tendremos lágrimas y sentimientos fuertes, pero no debemos dejar de seguir adelante. Debemos aprender a preguntarle a Dios antes de proceder en cualquier decisión. Podemos lograr cosas si decidimos hacerlo a nuestro modo, pero no será igual. Lo que Dios tiene siempre será mejor.
Cuarto, cuando dependemos de nuestras fuerzas, nos cansamos pronto. Pero si Dios nos guía, él nos dará las fuerzas necesarias hasta alcanzar la meta. Cuando avanzamos con las fuerzas de Dios descansamos más. De otro modo nos impondremos una pesada carga que nos sería difícil llevar. Depender de Dios significa descanso para el alma.
Quinto, Nos dice Proverbios 16:9 “ El corazón del hombre piensa su camino, mas Jehová endereza sus pasos”. Cuando usamos el “modo de Dios” vamos a despejar el camino. Ahorramos tiempo y esfuerzo innecesario hacia el ordenamiento de nuestros pasos. Al fin de todo, Dios es el que endereza el camino. El hombre puede pensar una cosa pero Dios es el que tiene la última palabra. Al depender de Dios ahorramos tiempo y un sinnúmero de sinsabores.
Israel duro 40 años dando vueltas para llegar a la tierra prometida cuando pudo haber llegado en poco tiempo. Depender de nuestras fuerzas nos pondrá a dar vueltas en un desierto hacia la promesa de Dios para nosotros. Puede aparentar que el camino es más largo, pero no lo es. Sino que al final vamos a conseguir lo que Dios entiende que debemos tener.
Así que, si lo consigo con mis fuerzas, y no es lo que Dios quiere para mí, tendré que comenzar otra vez. Y es que tenemos que aprender lo que Dios quiere enseñarnos en ese proceso que parece largo, antes de alcanzar lo esperado. Hagámoslo al modo de Dios y llegaremos al destino correcto desde la primera vez.
Dios nos lleva por un sendero derecho. Somos nosotros los que torcemos el camino cuando nos desviamos. Perdemos tiempo e invertimos fuerzas de más, lo que nos provoca agotamiento. Seamos inteligentes y démosle a Dios el lugar que merece en nuestras vidas, no emprendamos nada independientes de él. El se encargará de ordenar nuestros pasos y nos llevará por sendero derecho y seguro.
